
martes, 21 de julio de 2026


El uso de semilla genéticamente modificada transformó la producción de algodón en México y el mundo, al mejorar el control de plagas y reducir la aplicación de insecticidas. Sin embargo, la dificultad en la obtención de nuevos permisos para la liberación e importacion de semillas genéticamente modificadas ha limitado el acceso a nuevas tecnologías y generado incertidumbre para el desarrollo del cultivo.
Después de superar las 240 mil hectáreas sembradas en 2018, la superficie nacional disminuyó de forma importante en los años siguientes, afectada no solo por la disponibilidad de semilla con efectos biotecnológicos, sino también por los altos costos de producción, la sequía y la volatilidad de los mercados. Este año se estima que la superficie sembrada pasará de 126 mil a 68 mil hectáreas, lo que representa una disminución cercana al 46 % respecto al ciclo anterior.
Las variedades con resistencia a insectos y tolerancia a herbicidas permitieron durante años reducir el uso de insecticidas y mejorar la rentabilidad. Sin embargo, la falta de acceso a nuevas generaciones de semillas ha frenado la incorporación de innovaciones que ofrecen mayor tolerancia al estrés hídrico y un manejo más eficiente de malezas.
A este panorama se suman costos de producción cada vez más elevados y condiciones climáticas más variables. Mientras otros países continúan incorporando nuevas herramientas biotecnológicas para mejorar la productividad, los productores mexicanos enfrentan mayores desafíos para mantener sus rendimientos y competitividad.
Las perspectivas del mercado internacional ofrecen una oportunidad. Para el ciclo 2026/27, el USDA proyecta existencias mundiales de 71.1 millones de pacas, el nivel más bajo en ocho años, mientras que los precios podrían recuperarse hacia 90 centavos de dólar por libra. En este contexto, contar con mayor certidumbre regulatoria y acceso a la innovación será clave para que el algodón mexicano aproveche un mercado con mejores perspectivas.
Algodón