
martes, 19 de mayo de 2026


La caída de la siembra de trigo y maíz en México no es solo una crisis regional o temporal de las zonas productoras, sino una señal de alerta para repensar las políticas agroalimentarias en un contexto de cambio climático y falta de apoyos públicos a la producción y rentabilidad de cultivos estratégicos.
La producción de los cuatro granos básicos fue en 2024 de 28 millones 191 mil toneladas, una severa reducción de -11.9% respecto a 2023 atribuida a la sequía. Por cultivos, en 2024 la producción de maíz cayó -11.7%, trigo -23.8 y arroz -12.9; sólo aumentó la producción de frijol en 37.7%.
Si bien no hay aún cifras definitivas para 2025, el avance estadístico a este mayo parece indicar que el año pasado– ya sin sequías justificantes – fue todavía peor que 2024 con producción a la baja en maíz y trigo, y al alza en frijol y arroz.
El maíz, por lo pronto, redujo en 2024 su superficie sembrada en -4.1%, su producción -11.7% y el valor de lo producido -23.4% en términos reales. Las primeras cifras de 2025 no son halagüeñas.
Sin medidas inmediatas y estructurales, el país no solo enfrentará un déficit en el abasto de cultivos como maíz, trigo y frijol, sino también una crisis transversal en la producción de alimentos, en la estabilidad de las cadenas productivas y en la seguridad alimentaria.
Esta coyuntura debe ser vista como un llamado urgente para proponer soluciones viables y transformadoras, que incluyan el manejo sostenible del agua, la adopción de tecnologías resilientes, el fortalecimiento de cadenas de valor internas y la diversificación agrícola, sentando así las bases para un sector agroalimentario más competitivo, sostenible y preparado para el futuro.
Agronegocios